Mi Familia (I) y la vuestra

En la sociedad actual resulta difícil que podamos identificar a nuestros ancestros, mas allá de los abuelos, por eso con este pequeño artículo pretendo que mis nietos, Laura y Alejandro puedan tener conocimiento de su pasado al menos hasta sus tatarabuelos.
Comenzaremos por los que fueron mis abuelos y por tanto vuestros bisabuelos. Se trata de la familia Ballesteros Méndez por el lado paterno y la familia Pérez Aznar por el lado materno.
Dedicada a mis nietos Laura y Alejandro

Familia Ballesteros Méndez
La familia Ballesteros Méndez estaba compuesta por tus tatarabuelos, Alfonso y Gabriela, que tuvieron cinco varones que de mayor a menor se llamaron, Domingo, Alfonso, José, Santiago y Francisco (Paquito).
Vuestro tatarabuelo era Carabinero, perteneciente al grupo de Aduanas de la Guardia Civil, motivo por el que aun siendo de Salamanca, fué destinado a distintas localizaciones, entre ellas la localidad de Alos D’Isil en el pirineo de Lleida (Ilerda), justo a unos tres kilómetros de la frontera, que en este caso y momento, simplemente se configuraba por una barrera elevable, con un pequeño portón en su lateral, donde permanentemente hacían guardia por turnos dos números de la Comandancia situada en Alos D’Isil, por cierto una ciudad aun hoy día increíblemente bonita del pirineo.
Todos vivían en la casa cuartel, en donde todos los hijos de todos los carabineros jugaban juntos mientras las mamás se dedicaban a las labores domésticas. Las viviendas se disponían a lo largo de un corredor en donde a sus sendos lados aparecían puertas que daban paso a las estancias, con una, dos e incluso tres cuartos donde se encontraban las camas, y siempre en el centro un pequeño espacio que era la única privacidad de la familia, ya que tanto las comidas como las reuniones se realizaban en un espacio común, dominado al fondo por una chimenea (hogar) que servía no solo para dar calor, sino para cocinar todos lo productos que servían para al condumio diario. Esto incluía un gran perola en donde se cocinaba de forma permanentes lo que después se ha venido en llamar la mejor cocina cardiovascular, denominada de varias formas pero en todas ellas se trata de un puchero, en donde conforme se van sacando las raciones pertinentes, se añaden cantidades de agua similares, junto con los productos tanto vegetales como animales de los que en cada momento se disponga, por lo que al final se compone de toda clase de productos vegetales, y una proporción mas o menos singular de carne fundamentalmente de ave, conejo o cerdo.
Es en este lugar donde se produce la aventura que aparece en el cuento «nueve dedos y medio» y que le sucedió a vuestro abuelo.
Domingo, el mayor fué militar, llegó a capitán, pero del lado equivocado, motivo por el cual debió huir a Francia, y cuando se produjo la primera amnistía franquista, volvió a España, aunque no fué óbice para padecer de persecución e incluso cárcel, por poco tiempo, pero que hizo que necesitase de mucha energía e ideas para poder subsistir. Su esposa Paquita le acompañó en todo este periodo. Aunque no tuvieron hijos.
Alfonso no llegó a participar de forma efectiva y desde muy joven se hizo aprendiz y posteriormente sastre, continuando con el oficio hasta su muerte, siempre ayudado por su esposa Asunción. Ambos tuvieron una hija Montserrat (Tía-Abuela).
José fué el tercero y su vida se trunco de forma rápida en la post-guerra fruto del bajo nivel de salud debido a las carencias que debieron tener durante toda esta época. La tuberculosis y la falta de medios pudieron con él. Tuvieron cuatro hijos, Francisco, Blanca, Jorge y Josefina (Tíos Abuelos).
Santiago, el cuarto se escapó como pudo y desde muy joven se trasladó a Zaragoza, entrando en empresas de la metalurgia en donde además de mostrar su enorme capacidad para trabajos especiales, también se juntó con alguna que otra organización sindical, lo que en ese momento estaba muy mal visto y eso le llevó a algún que otro problema. Junto a Águeda, su esposa tuvieron dos hijos Ricardo y Rosa (Tíos Abuelos).
Francisco, vuestro bisabuelo, desde muy pequeñín le llamaron «Paquito» y que por confidencias de él y una consecuencia en mí, os diré que nunca le gustó. A él en realidad le pusieron por nombre Francisco Antonio Jacinto y como nunca le gustó que le llamaran Paquito cuando tiene su primer hijo, que soy yo, vuestro abuelo, desea ponerme también Francisco, pero para que nunca me llamasen Paquito, me puso Javier Francisco lo que provoco también un pequeño incidente con el cura que me bautizó, que según dijo, no podía ponerme ese nombre ya que el santo se llamaba en realidad Francisco Javier y ni Javier Francisco a lo que respondió contundente que mi nombre no era por Francisco Javier, sino por Javier y Francisco de Asís, que era en realidad el Santo al que aludía su nombre. El caso es que el cura lo aceptó y me convirtió en el único que en España, al menos hasta 2015, fecha última en la que lo comprobé, se llamaba así, Javier Francisco.
Siguiendo con la historia, Francisco tiene con su esposa (mi madre) María de la Trinidad, dos hijos, mi hermana María del Pilar Teresa de Jesús y yo mismo Javier.

La familia Pérez Aznar estaba formada por Agustín Pérez y Pilar Aznar y como esta no es una historia de fantasía, sino real como la vida misma, deberé decir que nadie tenemos ni idea concreta de que es lo que hacía mi abuelo materno, aunque según mi madre se dedicó toda su vida a tener hijos y gastarse la fortuna de mi abuela, heredera de una de las fortunas de la región vinícola de Cariñena. Fueron nada menos que trece los hijos, de los que consiguieron vivir once. Hay que reconocer que en aquel momento, la mortalidad perinatal era tan normal que este dato no resulta llamativo al menos on referencia al resto de las familias.
Reconozco que no soy capaz de recordar todos ellos porque ni siquiera logré conocerlos yo, pero ahí os dejo la lista de los que si recuerdo, con el número de hijos que tuvieron cada uno/una, y por tanto primos-hermanos míos:
Rosario (5), Antonio (4), Agustín (2), Armando (4), José (0-RIP joven), Pilar (5), María (2) y Carmen (5)
Pero además de estos, lo cierto es que en un momento determinado, muere la abuela, sin que haya podido obtener información alguna sobre la causa de su muerte y casi de inmediato, puesto que se había gastado prácticamente todo su capital, se casa con otra mujer propietaria de algunas tierras en la montaña del Bruc en Barcelona, de la que no necesitó le diera más hijos pues ella era viuda con otros siete u ocho hijos, incluidos adoptados, como Rosario con la que llegó a contraer nupcias Antonio el varón mejor de la familia Pérez.
El tiempo que pasan en Barcelona, coincide con momentos difíciles de la guerra en la que todos deben trabajar para el gobierno Revolucionario y a vuestra bisabuela le toca ir todos los días hasta Montjuic, donde en una nave deportiva han instalado un centenar de máquinas de coser Sigma a pedal y en las que se confeccionan uniformes para «El Campesino» creador de la que fué la 5ª Columna Republicana y que aunque nacido en Murcia se crio en Barcelona y fué destacado comunista de la República que tras la guerra se refugió en la URSS, siendo encarcelado por discrepancias con los comunistas rusos.
Una anécdota curiosa. En plena guerra, en la batalla del Ebro, famosa por el número de bajas por ambos lados, se produce un episodio que marca un antes y un después en la familia. La batalla se desarrollaba durante el día y por la noche se producía un alto el fuero improvisado para poder retirar a los muertos y los heridos del campo de batalla que en realidad era el rio Ebro pues los contendientes se dispersaban a lo largo de ambas laderas del río, lo que justificaba además el intercambio de mercancías carentes en cada bando por otras que se daban mejor en el otro. En uno de estos intercambios se produjo la situación. Armando y Agustín, hermanos que por el azar de la vida se encontraban en bandos opuestos se identifican en uno de estos intercambios, de tal modo que justifican en el reencuentro a Armando para desertar y pasarse al bando de los llamados nacionales, pensando que con ello conseguiría alguna ventaja al ir patrocinado por su hermano Agustín.
Nada más lejos de la realidad. Nada más llegar a la retaguardia de la línea de combate, presenta a Armando a la autoridad y esta lo manda a arrestar y mandar al calabozo, hasta que se tome una decisión. Agustín e pone en contacto con su hermana Rosario y esta con su novio/marido (no sé la situación real en aquel momento) Arturo, Capitán del ejercito nacional. Este de inmediato se allega hasta el lugar donde se encontraba Armando, se identifica y reclama diciendo al oficial de guardia que venía con una orden de traslado. Este le contraviene que quiere verla, ante lo cual Arturo saca su arma reglamentaria y se la coloca apuntando en la sien del oficial. Este recrimina diciendo que el prisionero Armando está programado para ser fusilado en la madrugada del día siguiente a lo que Arturo con una solvencia que no deja lugar a dudas le contradice diciendo, si quiere darle oficialidad a mi escrito, si usted quiere, puedo firmarlo, mientras amartillaba el arma. El oficial coge el manojo de llaves que tenía sobre la mesa, diciéndole, acompáñeme, y sin mas dilación se dirige hasta una de las puertas que se encontraban en el pasillo lateral, la abre y pronuncia con voz severa, Armando Pérez. De entre los diez o doce que ahí se encontraban se sitúa en pie una figura que simplemente dice, !!yo¿¿. Acompañe al capitán. Al mirar a la puerta Armando reconoce en la figura del capitán a Arturo y simplemente le sigue hasta la salida, donde un coche oficial del ejercito les espera con el motor en marcha. Se introducen y se alejan del lugar.
La familia, por motivos que nunca fueron esclarecidos, se dividen y terminan muy diseminados. En principio van todos a el Bruc, pero pronto comienzan casamientos y motivos de trabajo que los separan de nuevo. Así en pocos años, Agustín, Pilar, María y Armando terminan en Zaragoza, Antonio permanece en Barcelona y Rosario y Carmen en Vitoria.

Vuestros bisabuelos se conocieron en Zaragoza. En aquel momento María vivía con Agustín quien la acompañaba cada vez que iban a cualquier actividad lúdica. En una de estas, en el baile del barrio en fiestas, María conoce a Francisco que según parece no era mal parecido y eso le daba un cierto chance ante las chicas, motivo por el cual no le parecía bien a Agustín, pero eso no fué óbice para que surgiera el amor entre ambos que como todos los cortejos de aquellos tiempos duró al rededor de cinco años.
Al cabo de ese tiempo se casaron y aproximadamente tres años después me tuvieron a mí, pero para entonces ninguno de mis abuelos vivía. Los maternos habían muerto varios años antes y los paternos murieron pocos meses antes de nacer yo, cuando un inesperado accidente provocado por un camión que invade la acera, rompe una de las tuberías del gas, con tan mala suerte, que aunque mis abuelos no tenían capacidad económica para disfrutar de él en su casa, una filtración de gas atraviesa el muro de su vivienda, situada a pie de calle, en la que tras el muro se encontraba el dormitorio. Era invierno por tanto los portones de la ventana que daba a esa calle se encontraban cerrados. Era de madrugada y al parecer mi abuelo se percato del olor y se levantó para intentar abrir las ventanas para que pudiera entrar aire fresco, pero fué inútil. No llegó a alcanzarlas y se desplomó en el suelo yaciendo allí sin remedio alguno. Mi abuela, si puede decirse, tuvo mejor suerte ya que parece que ni siquiera llego a darse cuenta de lo sucedido pues apareció en la cama y posición de estar dormida cuando acaeció todo.
Resultado de todo ello: » nunca he tenido abuelos» y por tanto, nunca he sabido como deben comportarse o he sabido apreciar y beneficiarme de esos gestos y modos que los abuelos cuentan que tienen con sus nietos. No es una escusa, es simplemente una realidad. Nadie te enseña a ser padre ni existen escuelas donde aprenderlo, pero al menos gozamos siempre de un modelo con los nuestros, pero está claro que nadie sabe o te enseña a ser abuelo y además como en mi caso, tampoco puedes tener un modelo en los tuyos.

Después de ese primer hijo varón que soy yo, vuestro abuelo, dos años más tarde nace una niña, vuestra Tía Abuela María del Pilar Teresa de Jesús. Pilar, que es como se la ha llamado siempre, es una persona que como todas las mujeres de ese momento se den comportar con arreglo a unos cánones que hoy día se consideran prácticamente todos ellos obsoletos y absurdos, pero que en su momento no solo eran imposibles de obviar, sino incluso imposibles de evitar y ella, con una madre como la nuestra, no podía hacer otra cosa.
Obediente, formal, cumplidora, debió pasar por todas aquellas pautas que el régimen del momento imponía como la formación en materia de costura, labores domésticas y otras zarandajas que no permitía incluso la formación más allá de la educación básica. Pese a ello, y tras como consecuencia de todo ello algún fracaso sentimental ya que resultaba extremadamente difícil acceder a un cierto abanico de opciones que permitieran al menos escoger y estos menesteres se dejaban más al azar del primero que se acercaba, siempre con la connivencia y consentimiento de los padres, como digo, incluso pese a ello, pudo sacar una plaza como funcionaria nada menos que del Ministerio de Justicia, realizando sus funciones con plena satisfacción de sus mandos, hasta su jubilación.
Aunque incluso ahora pienso que cree que para mí no ha tenido la importancia que debía, puedo asegurar que, como he comentado en más de una ocasión, yo no he tenido la suerte de tener un hermano, pero he tenido la gran suerte de tener y disfrutar de una gran hermana. Desgraciadamente, os puedo asegurar que por motivos completamente ajenos a ambos no creo que podíais disfrutar de ella, pero os puedo asegurar que os lo perdéis. Su infancia y adolescencia, aunque plagada de frustraciones le sirvió para forjar un carácter y juicio sereno y completo. De su forma de ser y entender la vida, hoy día, podría serviros de guía en muchos aspectos de los que carecéis por completo.
Si seguimos con la historia, vuestro bisabuelo fué emprendedor, trabajador y decidido para emprender nuevos horizontes, tanto para él como para su familia y tras preparaciones tanto educativas como formativas, destacó en la empresa que trabajaba, que a su vez era, como ahora se dice, una franquicia de una multinacional francesa. Lo hizo de tal modo que le ofrecieron poner en sus manos la creación de otra franquicia, similar a la que tenían y para la que trabajaba en Zaragoza, pero esta vez en Canarias.
Resumiendo, la familia Ballesteros Pérez, contiene en total nada menos que al menos 36 primos hermanos, dado que los tres desconocidos para mí, nunca salieron en conversaciones de ninguno.