Mi Familia (II) y Ahora Yo

Si, en este momento abrimos un largo paréntesis para que podáis tener alguna idea de quien y de donde viene vuestro abuelo, paterno. Con sinceridad diré que os cuento esta historia con la misma aprensión pero certeza y contundencia en la respuesta, por que la realidad es que siempre hubiera cambiado todo mi crédito y éxito profesional por lo que he considerado mi fracaso familiar. Partimos de la base de que yo no soy ni mejor ni peor que nadie, aunque eso sí, algo diferente, lo que siempre jugó en mi favor para determinadas circunstancias, pero siempre en contra para otras.
Yo nací en Zaragoza, a mitad de siglo, a mitad de año y a mitad de día. Quizás por ello nunca me gustó situarme en el centro. Yo siempre al fondo de la clase o en primera fila. Claro está que la elección siempre dependió de que supiera o no las respuestas que en cada momento debieran tenerse según la situación. Si, nací el 30 de junio de 1950, a las 12:10 de un día extremadamente caluroso y como se hacía en esos tiempos, en casa. Una casa humilde de la calle San Lorenzo, junto a la Magdalena en Zaragoza muy cercana al rio Ebro y a la plaza del Pilar.
Era una casa de dos pisos en la que en la planta inferior vivían los dueños del edificio y en la segunda mis padres. El piso se encontraba dividido en dos, de tal modo que tras subir un primer tramo de escaleras, el rellano que separaba las dos puerta situadas antes del tramo de escaleras que llevaba a la terraza, eran las puertas que daban acceso a cada una de las partes del piso que habitábamos. La del lado izquierdo, la primera que te encontrabas, daba acceso al dormitorio. Amplio, con una ventana que daba acceso a la calle y una pared abierta en su lado derecho que daba a un espacio que resultaba amplio, por lo que resultó ideal para contener mi cuna. En ella permanecí hasta los dos años, pues al estar mamá embarazada de mi hermana (tía-abuela vuestra), cambiaron de casa en busca de otra algo mayor, nos trasladamos a la calle Argensola.

Al otro lado del rellano estaba el resto del piso, esto es, la cocina-comedor, el baño con tres piezas en una habitación de poco más de un metro de ancho, esto es, lavabo, inodoro y bañera de las que llaman tres cuartos.
La cocina comedor, en el fondo tenía una cocina de carbón con dos fogones y un horno, y por supuesto su chimenea evacuadora de humos y justo a su izquierda una pila que mediría como ochenta por 60 y con una profundidad de unos 30 centímetros que lo mismo servía para fregar los platos, como la ropa o incluso fué mi primera piscina de baños. Ahí me bañaron todos los días, antes de darme la cena que me correspondiera y a dormir toda la noche.
La habitación disponía de una puerta que daba acceso a una terraza-balcón desde el que se podía ver el patio interior, que en realidad era la terraza-patio de los dueños del edificio, los que vivían en el piso inferior.
Podéis estar seguros de que de todo esto prácticamente me acuerdo de todo. Podría dibujar cada una de esas partes pues con tan solo fijar la idea en mi mente me vienen cada uno de los detalles que os cueto. En realidad no hace muchos años (2021), en uno de mis viajes por Zaragoza, intenté recobrar imágenes fotográficas de cada una de las zonas que me rodearon y de esta no pude obtener ninguna pues el edificio entero ya no existía y se había construido otro con tres o cuatro plantas de viviendas y aunque algunas otras casas seguían igual, reconozco que llegué tarde para recobrar imágenes de la mía.
Después de pasar por la calle Argensola que no se encontraba muy lejos de esta pero tenía una mayor disponibilidad de habitaciones y espacios, donde estuvimos otros algo más de dos años. Como ya os dije, ahí nació mi hermana (tía-abuela) y tengo de ella algunos recuerdos o por mejor decir, anécdotas que resultan ejemplos de mi forma de ser y comportamiento.
La casa era de una familia que marcó de por vida a vuestro bis-abuelo, pues conoció e hizo amistad con los dueños del edificio que vivían en la primera planta. En esta no vivía nadie en la baja y que estaba dedicada a locales comerciales, y nosotros vivíamos en la segunda que en realidad no era tal, era como una especie de boardilla a la que se accedía por un solo tramo de escalera que daba directamente a la entrada de la vivienda, con una especie de mini descansillo. Es decir, cuando abrías la puerta, siempre veías al que llegaba «desde arriba».

La vivienda del dueño del edificio estaba como he dicho en el primer piso donde en mitad del descansillo que alcanzaba todo lo ancho de la planta, es decir unos diez a doce metros, se encontraba la entrada. Mi padre tenía una muy buena relación con ellos y pasaba ratos ahí. Un día, había llegado el nieto del dueño y aproveché para jugar un ratito, pero por alguna razón, yo estaba algo enfadado y sucedió que cuando nos íbamos de su casa mi padre insistió vaarias veces en que le diera un besito al nieto que prácticamente tenía la misma edad que yo.
Mi negativa también fué reiterada lo que hizo que mi padre se fuera inquietando y hasta enfadando y agarrándome fuertemente de la mano, con un tirón me dirigió a la puerta y andando con un aire que determinaba claramente su indignación. Cuando llegamos al primer peldaño de la escalera de subida me ascendió tirando de la mano y entonces puede que porque me di cuenta de que la situación se estaba complicando, le dije que sí, que le iba a dar un beso a Osvaldito. Aquello fué el detonante que no quería yo, pero que sucedió.
Y quitándose una de las zapatillas que llevaba, con una mano que subía cada uno de los escalones, mientras con la otra me zurraba en el trasero con la zapatilla. Lo que iba diciendo…, puedo aseguraros que ni tengo conciencia de ello. En ese momento tan solo pensaba en conseguir subir esas escaleras lo antes posible. Debió de ser importante el «semi-escándalo» pues íbamos por la mitad mas o menos, cuando mi madre abrió la puerta inquiriendo a mi padre sobre lo que estaba sucediendo. No sé que hablaron ni de que modo, pero resultó, porque los últimos peldaños de la escalera conseguimos superarlos rápido, pero sin más sacudidas de la zapatilla.
En esta casa fué también donde mi curiosidad a la primera quemadura en la palma de la mano, ya que tuve dos. La primera se produce por un juego que estaba practicando mi padre, mientras me sostenía en brazos, cogiéndome con el brazo izquierdo, mientras me sujetaba con la mano derecha de la cintura y me empujaba al interior de la chimenea que estaba por encima de la cocina de carbón intentando que viera o encontrara a algún que otro diablo o «coco» entre la oscuridad del interior de la campana. Que pasó, no sé ciertamente que pasó. Quizás el hecho de que al acercarse intentando llegar conmigo al centro de la campana le hiciera darse cuenta que la cocina estaba encendida, o simplemente yo me moviera, lo que sí sucedió es que perdí el control del equilibrio y él no pudo compensarlo, motivo por el cual terminé apoyando mi mano izquierda sobre la chapa de uno de los fogones.

En la segunda ocasión, mi padre estaba realizando trabajos de electrónica o algo parecido, ya que estaba utilizando un soldador eléctrico de estaño que había puesto sobre un soporte de descanso. Yo me encaramé a la mesa subiendo a gatas en una silla que se encontraba en el lateral y antes de que se diera cuenta, cogía con mi mano derecha el soldador, pero no por el mango, sino por la barra soldadora. Resultado, mano derecha quemada.
En otra ocasión, llegó mi madre hasta la habitación donde estaba jugando con mi hermana y se encontró un pequeño charquito de orina. Preguntó por quien había sido y sin pensarlo dos veces, señalé a mi hermana. Mi madre la agarró con la mano izquierda y le dio una pequeña zurra en el trasero, cuando se da cuenta de que estaba completamente seca, la deja y me indaga el trasero, que obviamente estaba húmedo y es entonces cuando las zurras se dirigieron a mí.
En esta misma instancia, jugando también con mi hermana, yo caminando a cuatro patas y ella sobre mi a caballo. Iva por el pasillo en dirección a la puerta de entrada que se encontraba abierta, cuando al llegar al borde, vi las escaleras y frené en seco lo que provocó una inercia sobre mi hermana que terminó por encima de mi cabeza en el pequeño descansillo de la entrada. Mi madre se percató de inmediato supongo que porque el golpe al caer provocó el lloro de mi hermana y salió de inmediato, resolviendo la situación y devolviendo el sosiego a mi hermana. Claro, al final llegó mi castigo que debo decir que nunca fueron castigos con la presencia de golpes o agresiones, bofetadas o algo así, y cuando en alguna ocasión caía alguna zurra, era de muy baja intensidad y en numero que nunca superaron las dos o tres como máximo.

Tras alguna que otra situación comprometida, nos trasladamos a otra vivienda en la calle Lapuyade, junto al parque Pignatelli y frente a lo que entonces era el cuartel de Castillejos. Esta época contrasta drásticamente con la anterior, pues pasamos de un entorno de penuria, que ciertamente no era anormal en esos años de reconstrucción tras la guerra, el hecho de que mi padre obtuviera un puesto de trabajo en una empresa multinacional, que por cierto se encontraba frente a nuestro edificio en la misma calle de Lapuyade a no más de cincuenta metros, y además en un puesto de cierta consideración, pues supuso un cambio realmente notable.
Además se junta con una época de mi vida entre los cinco y casi ocho años, que son precisamente, si seguimos a Froid, los fundamentales para la formación del carácter de la persona, pues debo reconocer que así fué. Allí me encontré con los dos amigos principales, de esos que de forma habitual se tienen para toda la vida, el uno era el hijo del comandante jefe del cuartes de Castillejos y el otro Jesús, hijo del mejor cantante de jotas de Aragón durante muchos años, lo que trae a mi memoria que canto en mi primera comunión, el Ave María, puesto que Jesús y Javier también lo hacían.
Esta época está llena de recuerdos que por desgracia se trunca por efecto de un cambio sustancial en la vida de mi padre, pero que con las distancias del tiempo, también lo fué para nosotros dos, mi hermana y no. Nos trasladamos a las Islas Canarias.












