Pues muy probablemente nadie, pero lo cierto es que en nuestro comportamiento como bien dice el muñeco del reel que les dejo, la mayoría de la gente siempre busca en su entorno exterior el culpable de lo que nos sucede. En mi caso, aunque sea contrariamente distinto, no difiere en mucho respecto de sus consecuencias. Es cierto que desde siempre, en cada hecho que ocurría a mi alrededor siempre algo que me implicaba en lo que había sucedido, por acción o por omisión, llegando a culparme en el caso de mis hijos, de todos mis hijos, hasta el punto que llegué a fustigarme físicamente por ello. Un amigo mío y psicólogo, (que en paz descanse) italiano por mayor seña, que se apellidaba Alegrét. Lo cierto es que lo superé aunque las consecuencias de todo el periplo que comento en estas líneas me han llevado a una total desconexión con todos y cada uno de ellos.

Cuando cruzaba mis años de juventud, puedo asegurar que mi mayor ilusión fué la familia, e incluso hoy día sigue siéndolo, tanto, que por esa idea, ni siquiera me importó mi carrera profesional, pese a que determinadas compañías no fueron precisamente compañeras de esta idea y no ayudaron a que pudiera ser, lo que de haber sido, en cuanto a mis propósitos los opuestos hubiera supuesto para mí un trauma de dimensiones considerables ya que en ese punto, la falta de colaboración e incluso de intuición por mi parte, hizo que por optar por la familia, perdiera oportunidades como las de especializarme en cirugía oftálmica, pudiera llegar a dirigir un hospital sobre la diabetes en Santo Domingo, trasladarme a U.S.A. para incorporarme al cuadro de cirugía cardiológica de la clínica Mayo, o conseguir una cátedra en la Universidad Complutense de Madrid.

Pués reitero, obviamente me importó en cada momento, pero me dolía más los daños que se relacionaban en cada caso con las relaciones familiares, con consecuencias nefastas, como llegan a ser los divorcios y separaciones. Nunca culpé a nadie, si no que siempre consideré que las consecuencias de una relación siempre esta unida a la de dos personas y normalmente la responsabilidad de todo ello, siempre puede dividirse al 50%.

Es por eso que cuando ví este reel, fué una emoción la que sentí pues me dió pié a ver en su contenido, reflejada parte de mi vida e incluso la de mis padres y eso inicialmente me turbó y emocionó. Cuando lo volví a re-escuchar, noté que algo se abría en mi interior, en forma de respuesta a muchas de mis inquietudes, tanto en cuanto a mí, como a la justificación que no había encontrado en la relación con mis padres. Las épocas son las épocas, pero la relación humana sigue siendo la misma desde la creación del hombre y la emoción, la empatía, lo entrañable, el sentir lo que transmite un abrazo y una frase en un momento dado, es imprescindible para concretar y fortalecer el espíritu con que afrontas las relaciones.

Como dice el muñeco, ahora me gustaría poder decir a mi padre y a mi madre que me perdonen por no haberles dado más abrazos, pero es que no lo aprendí de ellos. El era el hijo pequeño de cinco hermanos en una época en donde tuvo la suerte de disponer de un padre que consiguió que su hijos tuvieran un plato de comida, siempre, en la mesa y que sus cabezas estuvieran bien cubiertas por un techo y dispusieron de calor en la cocina en esos fríos días de invierno, pero no tuvieron tiempo de abrazarlo y esas cosas o se aprenden por copiar actitudes o no se aprenden. Eso hizo que no recuerde ni un solo abrazo de ninguno de mis padres y lo que es peor, cuando eso se deja en mano de los abuelos, ya que estos disponen de mayor tiempo y es lo que les acerca a los nietos mucho más y les permite transmitir sus emociones, pues ellos, por la guerra no dispusieron de ellos, y en mi caso, por la postguerra yo tampoco después de los míos, consecuencia, ellos no pudieron enseñarnos algo que no habían aprendido y por mayor consecuencia, entendieron que darnos todo lo que ellos no habían podido tener, esa comida y ese techo, era suficiente para expresar lo que no sabían hacer de otro modo, y eso traspaso las barreras de la generación, hasta mi mismo. Siempre entendí que ellos entenderían, pero yo tampoco tuve abuelos y en su defecto, me inventé, como en generaciones anteriores, lo que era suficiente para resolver algo que es insustituible.

La emoción de un abrazo para un niño, la frase de consuelo, ese beso cuando todavía tienen esa mirada en la que resultas algo especial para ellos, es la base de ese respeto que cuando te vas haciendo mayor, pierdes y ya nunca recuperas.

Los recuerdos me obcecan y la imaginación me compromete, pero es cierto que he tenido momentos bonitos en mis relaciones, pero también momentos de locura al simplemente imaginar lo que puede llegar a una persona a desearte que intentará arruinar tu vida hasta conseguir que vivas debajo de un puente y casi lo consiguen. Mi persistente empeño en entender que lo único que puedo hacer por mis hijos y que entiendan que les quiero es a través de resolver, o al menos intentarlo, su vida, a día de hoy puedo decir que no funciona, y eso no me ha llevado en más de un momento a un lugar que he puesto en duda mi propia subsistencia sin que ello sea ni siquiera un punto a mi favor. Que valor tiene seguir insistiendo en una duda permanente, en la que sabes que nada se va a resolver y las dudas de tu propio comportamiento se resuelven rápidamente cuando ves que en la forma en que has pensado siempre resolver los problemas de los demás ya no sirven, porque ni siquiera puedes hacerlo así.

El resumen de mi vida en la actualidad es tan incómodo que ni siquiera sé cuantos nietos tengo. el aislamiento es tan insoportable que tengo momentos de indecisión en los que solo mi creencia en ese algo que nos protege después de la vida puede contener mis deseos de salir de ella. Sé que al menos tengo dos nietos, pero ni siquiera puedo asegurar que existan uno o hasta dos más que están alejados por un abismo de discordia y sinsentido que se prorroga más de veinticinco años. Un cuarto de siglo de incapacidad para acercar la lejanía de algo que lleva tu propia sangre. Es inaudito para mi. Siempre he dicho que prefiero la relación de familia que tener razón, pero en ocasiones ni aún asi puedes conseguir que la irracionalidad rompa la distancia.
No se cuantos, pèro al menos dos viven tan cerca de mí que incluso los utilizan para generarme dolor. Puede ser por celos de no haber tenido con su progenitor los detalles que argumento aquí, y probablemente sea correcto ya que siguiendo mi único argumento, le entregué hasta mi último aliento económico, renunciando a todo lo que significa disponer de un techo en el que cobijarse, para simplemente admitir que con tener algo, aunque sea flotante, es suficiente, mientras ellos puedan seguir adelante. No es que me queje puesto que todo lo que hice fué por amor, de eso estoy seguro, pero no siempre se transmite el amor dando incluso lo que pudiste mantener para sufragar tu viejez, pero más que la soledad en la que te asume esa distancia te duele la necesidad de ofrecer a tus nietos ese punto de felicidad que ahora sabes que no supiste dar a los tuyos, pero aún te queda vida para ofrecerlo a tus nietos.

Hi, I’m jfballesteros

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