Imagen relacionadaLa tarde transcurría tranquila y sosegada, cuando unas voces, con tono ciertamente imperativo y que por momentos se escuchaban a menor distancia, rompiendo el encanto y las gratas sensaciones que tenía en ese momento, para mí, el paseo que a lomos de un pollino estaba realizando por un camino estrecho y sinuoso, al borde de un pequeño riachuelo, que atravesaba, con un pequeño murmullo de sus aguas, una pequeña ribera repleta de chopos. Yo no entendía bien que estaba sucediendo y lo único que sentí, cuando a esos gritos se añadió una detonación, fué, que mi momento de placer había terminado.

En aquel tiempo tenía cuatro para cinco años, ya que siendo de cáncer mi horóscopo , el tiempo de verano resulta ser también tiempo para cambiar de edad y la pequeña ribera pertenecía a un pequeño pueblo situado entre campos de Castilla y el bajo Aragón, en donde mis padres veraneaban ya que por aquel entonces no existía el turismo de playa y para ser certero, tampoco el del ciudad, pueblo o montaña. El turismo de vacaciones en aquel tiempo se resumía en el rural, siempre que se tuviera un familiar en la campiña, o, lo que en este caso sucedía, una «tata de cría» que además, prestaba sus servicios en casa y era natural y disponía de vivienda en ese lugar.

Era un pueblo, que como todos aquellos en ese tiempo, transmitían tranquilidad y ese era el principal motivo para descansar de los niños. En un pueblo así, uno no pertenece a la señora Maria, sino a todas y cada una de las señoras Marías del pueblo lo que hace que puedes desayunar en tu casa, tomar un refrigerio a media mañana en casa de la señora Manuela, comas en case de doña Elvira, meriendes en casa de doña Tomasa, siempre claro, aunque tú no lo sabes, con el beneplácito de tu madre, lo que no evita que cuando vuelves a aparecer en casa te lleves la gran bronca y le hagas prometer que no lo volverás a hacer nunca más. Ahí es donde empiezan las promesas incumplidas cuando tienes un cierto carácter indómito o al menos poco sosegado.

Pero volvamos al principio, pues este va a ser un lugar de múltiples historias. En esta, aquella detonación, no solo rompió el grato momento que montar ese pollino suponía para mí, sino que además me produjo un sobresalto de tal condición, que me hizo dirigir la cabeza y la mirada hacía donde venían los gritos y la detonación. Mi sorpresa fué mayúscula cuando me dí cuenta de que se trabaja de dos números de la Guardia Civil que iban corriendo hacia donde nos encontrábamos, seguidos a unos metros por detrás por varias mujeres, de entre las cuales una de ellas puede confirmar que era mi madre.

Explicación, el pequeño grupo de buhoneros que había posado sus viandas y prebendas a la orilla del río para descansar en el turno de comida, disponía de un pollino, gracioso para mí, tanto que me dejaron montarlo y tal como estaba en esos menesteres, decidieron volver al camino, sin «acordarse» de desmontar me del pollino, lo que hacía que nos encontrásemos ya en las periferias del pueblo, yo a lomos de un pollino y sin destino aparente, lo que sugería al menos, no muy buenas intenciones por parte de los adultos que me llevaban, o al menos así lo interpretó la Guardia Civil, que paró la comitiva, me desmontó con sumo cuidado y me entregó a mi madre. Del resto nada supe, si creo recordar que me tuvieron más de una hora, o al menos eso me pareció, metido en la bañera y con agua y evidente cantidad de jabón, intentaron despojarme de la intensa manada de piojos que se habían acumulado entre mis ropas y mis pelos, o al menos eso era lo que oia decir a mi madre, «jamas había visto tanto piojo junto».

Y esta no fué la peor de las historias.

Hi, I’m jfballesteros

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